
viernes, 16 de mayo de 2008
¿Discriminaciones en la más Santa de todas las Tierras?

WALTZ WITH BASHIR

En plena celebración de la creación del Estado de Israel y de la Nakba palestina, resulta que es precisamente un israelí quien aparece en el festival de Cannes con un documental animado sobre lo que sucedió en los campos de Sabra y Chatila en 1982.
El diario Público escribe en el artículo que le dedica:
"El director no ha hecho una investigación con revelaciones sobre la realidad de la matanza, ya ampliamente difundidas por el informe palestino de Leila Shahid y el de la comisión israelí.
Ari Folman ha hecho algo mejor: rescatar el subconsciente colectivo para que los jóvenes israelíes de 2008 lo entiendan y puedan cambiarlo. Con una obra bella, que recuerda los mejores cuadros sobre la guerra: bonito regalo al Estado de Israel en su 60 aniversario, descubierto en Cannes el 15 de mayo, día de la independencia de Israel y día de la Nakba palestina".
Waltz with Bashir (Vals con Bashir) es una puerta abierta a la memoria.
La pregunta es: ¿quién se atreverá a cruzarla y ver lo que, durante tanto tiempo, muchos han querido desterrar de la memoria colectiva?.
jueves, 15 de mayo de 2008
By Saed Jamal Abu-Hijleh
May 2008, Nablus, Palestine
http://abuhijleh1982.blogspot.com
Sixty years and counting,
Anger in my being is mounting.
Sixty years and counting,
The child in me is shouting:
I want to run, to fly, to sing, to cry,
To walk, talk, write on the blackboard with a chalk:
"End this bloody occupation..."
Sixty years and counting!
Nablus the city of goodness,
A wounded witness to this "bloody occupation..."
No need for wake up calls,
The tanks come on time,
Go on time,
And leave you no time to plan your time…
But can these tanks kill the thyme… of Ebal and Jirzim?
Kneel to these monsters they tell us everyday,
But only to Allah we kneel when we pray,
Another sixty thousand years will not change what I say.
Tanks do not grow on mountains but olives do.
Tanks do not grow on mountains but Palestinians do.
I am an olive and my blood is oil,
My flesh is this sacred soil,
My breath the wind of the Mediterranean,
My eyes make the sea blue.
Sixty years and the fascist can go to hell,
The mosque will say Allah Akbar,
The Church will ring its bell.
Commemorating sixty years of the Palestinian Nakba (catastrophe)(1948-2008)
domingo, 11 de mayo de 2008
jueves, 8 de mayo de 2008
Otra mirada; otro hacer
Surely it is now time to acknowledge the narrative of the other, the price paid by another people for European anti-semitism and Hitler's genocidal policies. As Edward Said emphasised, what the Holocaust is to the Jews, the Nakba is to the Palestinians.
RuthAppleton
SteveArloff
RicaBird
JoBird
CllrJonathaBloch
IlseBoasProf.HaimBresheeth
TanyaBronsteinSheilaColman
RuthClark
SylviaCohen
JuditCravitz
MikeCushman
AngelaDale
IvorDembina
Dr.LindaEdmondson
martes, 6 de mayo de 2008
Date un paseo

sábado, 3 de mayo de 2008
Dabka en Madrid
Actuación: “el-MAJD” grupo de folclore de NAZARET
Martes 6 de mayo a las 19:30 “Auditorio Marcelino Camacho”
C/ Lope de Vega nº40 Madrid.
Miércoles 7 de mayo a las 20:00
Salón de Actos de la Casa de la Cultura
C/ Londres nº3 Torrejón de Ardoz.
Convocan:
Asociación de la Comunidad Hispano-Palestina Jerusalem
Asociación de Solidaridad “Ernesto Guevara”
Delegación General Palestina.
Apoyan: Fundación Arangüaney – Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina.
“El-MAJD” es un grupo de folclore palestino creado en 1993 en Nazaret como parte de “El Magd”, el Centro Comunitario Municipal y con el apoyo del Ayuntamiento de Nazaret.
El grupo, a través de sus espectáculos y de su arte, ha querido desde sus comienzos preservar el patrimonio cultural palestino y al mismo tiempo apoyar la causa Palestina en Israel. Gracias a la singular ejecución e interpretación de la música popular de su tierra “el-MAJD” ha llegado a representar a la comunidad palestina en el país y en el extranjero.
“El-MAJD” está formado por decenas de bailarines, músicos y actores procedentes de diferentes partes de Nazaret: mujeres y hombres de diferentes familias, religiones y barrios de la ciudad que reflejan una imagen fiel de Nazaret, un ejemplo de tolerancia, fraternidad e integración.
Sarah, las últimas noticias y Rim Banna
¿Te ANIMAS?

Campo de Trabajo en Birzeit
Pace of Peace
Imagínate que tienes en frente de ti a la persona por la que tu vida se ha convertido en un sufrimiento continuo.
Imagínate... que de repente le miras a los ojos y te das cuenta de que guarda el mismo odio que tú... pero también el mismo miedo y la misma frustración con la misma pregunta de fondo '¿Por qué? ¿Por qué nos hacéis esto?'
¿Qué harías tú?
Nuestros protagonistas dejan por un momento las ideologías y lealtades varias que les encadenan a sus respectivos pueblos y dan un salto para poner en el lugar del otro y verse, con sorpresa, reflejados.
Quizás haya que estar loco para hacerlo; o... quizás, sólo quizás, lo que haya que estar sea valerosamente cuerdo.
sábado, 9 de febrero de 2008
Qué difícil es hablar...
Hablar sobre bailes y fiestas mientras a unos kilómetros siguen cayendo los muertos (la mayoría civiles) a manos del ejército israelí me parece, cuanto menos, una falta de respeto y del sentido del dolor pero, a pesar de ello, creo que la gente debe saber que existe otra Palestina, otra cosa que no sale en los medios. Como bien decía un compañero del campo, y ahora ya amigo, “este año hemos descubierto la Palestina libre, desconocida”.
Pero cuidado: hablar sobre esto entraña un problema esencial, y no me refiero solamente a las posibles críticas por una supuesta falta de sensibilidad de la que aquí escribe. Hay otras críticas que temo mucho más: las de aquellos que se empeñan en simplificar al máximo las cosas para poder entenderlas hasta llegar a rozar el límite de lo absurdo y que, encima, por si fuera poco, van sentando cátedra con sus opiniones siempre que tienen oportunidad.
A mí, lo reconozco, me resulta complejo tratar una situación que yo misma estoy aún descubriendo. La gente no tiene por qué saber todo sobre Palestina e Israel, pero sí creo que todos, sin excepción, deberíamos ser un poco más humildes al hablar sobre algo que no conocemos a la perfección (¿realmente se puede conocer algo sin ningún tipo de error o duda?).
Por eso, digo, es tan difícil hablar sobre este tema. Si yo comento que este verano me lo he pasado en grande bailando y visitando ciudades de un lugar a otro de la Cisjordania ocupada, corro el riesgo de que la gente se olvide de la palabra ‘ocupada’ y piense que ir allí es como hacer un crucero por el Caribe o acercarse a Benidorm a tomar un poco el sol, “Oye, si te lo has pasado tan bien, ¡será que la situación no está tan mal como la pintan!”.
Si digo que me he tomado mis cervezas en Ramallah y en Belén, comenzarán con eso de “¡Ah, pero si ellos son musulmanes! No pueden beber alcohol, ¿no?” (pasando por alto el hecho de que en Palestina no sólo hay musulmanes y que, más importante aún, cada uno es muy libre de hacer con su vida lo que le dé la gana, de seguir o no los dictados de la religión en la que ha sido criado).
“Así que cervezas, ¿eh?, ¡qué espabilados!” y comenzarán con eso de que son unos hipócritas que quieren imponer su religión a los demás pero luego ellos mismos no la siguen, enlazando después directamente con lo de convencer a otros para que vayan a explotarse mientras los cerebros de la operación se quedan en sus casas. Y ya por último sólo les falta ver las noticias y sentir cómo la tensión se les va por las nubes al comprobar cómo el paro aumenta, los inmigrantes nos arrebatan el subsidio por desempleo y el terrorismo internacional nos persigue allá donde estemos. Ante esto, ¿qué hacer? Unirnos todos, todos los que representamos la civilización occidental: la civilización por antonomasia, claro está; hacer muralla y defender nuestros valores y nuestras casas. Hay que acabar con la amenaza que suponen aquellos que tienen costumbres tan opuestas a las nuestras. ¡Mira que tomarse una cerveza!.
Pero yo me niego, ME NIEGO, a mostrar una Palestina en la que sólo hay armas y fotos de los mártires en las paredes de la ciudad; me niego a dar una imagen que, por ser parcial, no es totalmente real.
Claro que hay muertos, bombas, disparos, mártires, “daños colaterales” y soldados asesinados; pero también hay estudiantes que están más preocupados por sacar un 8 en el examen que por coger un arma, parejas que se encuentran a escondidas para darse un beso lejos de miradas indiscretas, niños que disfrutan con actuaciones de payasos y pueblos enteros que bailan al compás de la música en festivales de dabka.
No son tan diferentes a nosotros: intentan llevar una vida lo más normal posible e, incluso, a veces ¡hasta parece que lo consiguen!.
Ellos no tienen el problema: lo tenemos nosotros ¿o es que acaso reaccionamos ante lo que ocurre si no nos ponen fotografías de bebés muertos y madres sollozando?
Para amar Palestina no se puede ir siempre por el camino de la muerte.
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Sobre odios
Lo he estado pensando mucho, muchísimo, por razones varias. Pero, sobre todo, por cuestión de fidelidades.
Alguien dijo que ser neutral en situaciones de injusticia, era ser injusto. Lo es. ¿Pero no lo es también cerrar los ojos y odiar sin ton ni son, simplemente odiar por lo que representa el otro? Leí hace tiempo, no sé de quién, que quien tiene una ideología, es pensado por ésta. No es lo mismo tener una posición clara, que una causa por la que luchar a ciegas. No dejaré las cosas sólo porque la ideología reinante me diga que están mal: prefiero comprobarlo por mí misma.
Deberíamos ser lo suficientemente inteligentes como para pensar por nosotros mismos y lo suficientemente valientes como para hacer que nuestras acciones se correspondan con nuestros pensamientos. Aunque cueste. Aunque los demás no nos entiendan.
Os dejo unas palabras prestadas…
“La violencia no consiste únicamente en matarnos unos a otros. Somos violentos en nuestros altercados, lo somos cuando apartamos a alguien de nuestro camino, lo somos cuando el miedo nos incita a obedecer.
La violencia no son sólo esas matanzas humanas organizadas en nombre de Dios, de una sociedad, de un país.
También existe en esferas más sutiles, más secretas, y allí, en sus grandes profundidades, es donde tenemos que buscarla” Krishnamurti.
… y quien quiera entender, que entienda.
martes, 13 de noviembre de 2007
Cita en la Complutense
y
el 19º aniversario de la Declaración de Independencia
LA DELEGACION GENERAL DE PALESTINA y DEPARTAMENTO DE DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO Y
RELACIONES INTERNACIONALES
DE LA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA INFORMACION
DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID
Tienen el honor de invitarle a la mesa redonda
“El Proceso de Paz en Oriente Medio y el Papel de Arafat en las negociaciones”
La mesa redonda tendrá lugar el día 14 de noviembre
de 11:00 a 13:00h
en la Sala Naranja de la Facultad de Ciencias de la Información
de la Universidad Complutense (Avda Complutense, s/n)
Ponentes: Excmo. Sr. D. Álvaro Iranzo Gutiérrez, Director General de Política Exterior
para el Mediterráneo, Oriente Próximo y África.
Excmo. Sr. Embajador D. Musa Odeh.
D. Javier Arenas (Periodista)
D. Javier Valenzuela (Escritor)
D. Mahmoud Sobh (Catedrático Emérito de la UCM)
lunes, 12 de noviembre de 2007
“PALESTINA 181” - 60 AÑOS DESPUÉS
Organiza Casa Árabe-IEAM con la colaboración de la Misión Diplomática de Palestina en Madrid.
Lugar: Ateneo de Madrid (calle Prado, 21)
28 de noviembre
INAUGURACIÓN:
Bernardino León Gross. MAEC
Gema Martín Muñoz, directora general de Casa Árabe-IEAM
Musa Amer Odeh, representante de la Misión de Palestina en Madrid
17:00 a 21:30 CONFERENCIA
17:00-19:00
1ª intervención. 1947, las consecuencias de la partición y la dispersión
Mohammad Barakeh (miembro de la Knesset, presidente del Frente Democrático por la Paz y la Igualdad - Hadash)
2ª intervención. 1967, las implicaciones de la ocupación para la población palestina e israelí
Lev Grinberg (profesor de sociología política, Universidad Ben Gurion)
19:00 – 19:30 Descanso
19:30 – 21:30
3ª intervención: 1987, Intifada, negociaciones de paz. Un balance Khalil Shikaki (director del Palestinian Center for Policy and Survey Research)
4ª intervención: 2007, Palestina hoy Ilan Halevi (miembro del departamento de relaciones exteriores de Fatah, ex vice ministro de Asuntos Exteriores).
22.00 Cine
Proyección de la película “La boda de Rana “ (Hany Abu-Assad, 2002)
29 de noviembre
21:30 Música Concierto del Oriental Music Ensemble (Palestina)
viernes, 2 de noviembre de 2007
Fe
Con mi estado de ánimo, la canción es peligrosa: te hace sentir la rabia de la ocupación y me trae demasiados recuerdos; no quiero llorar en el tren. El libro también lo es: están en plena reunión de la ONU, un 29 de noviembre de hace ya muchos años, votando para decidir si se crea o no un Estado judío en Palestina; no me veo leyendo sobre la alegría de los miles de judíos que por fin consiguieron lo que durante tanto tiempo esperaron. Hoy no.
Así que me dedico a mirar por la ventana y a pensar, a ratos en Abed, a ratos en lo que le voy a contestar a mi abuela cuando me pregunte algo así como 'Hija, ¿¡y cómo es que has venido!?'.
El paisaje sigue pasando rápido, a mi lado, de camino a Atocha.
¿Por qué he venido? Porque han matado a un amigo y, dadas las circunstancias, sólo me queda rezar, llorar o coger un M16. No me veo pegando tiros y ya he llorado, ¿qué es lo que me queda?.
Estando allí, en la iglesia, me sentía en parte como una extraña, ajena a todo ese mundo. Cuando unas cuantas manos se dirigieron a mí con el consabido 'la paz sea contigo' no pude evitar llorar. ¿Paz? ¿qué paz?. Cuanto más lo pienso, menos entiendo que lo llamen Tierra Santa. ¿O es que acaso la sangre derramada santifica el lugar que la absorbe?. Si de verdad Dios existe, debe de sentir, como mínimo, vergüenza.
En un momento determinado recordé a los dos soldados israelíes que también murieron durante esos días. ¿Querrían estar ahí? ¿Sabían lo que hacían? ¿Y sus familias?
Para ellos, Abed era un terrorista y para mí, ellos no eran más que la cara visible de la ocupación y la muerte en Palestina.
La misa estaba acabando y yo seguía pensando en Tierra Santa, en Abed, en el cura que hablaba sobre Jesús, en Jesús, en los dos soldados muertos, en las familias de unos y de otros, en mis amigos de Ramallah y Nablus, en por qué la gente besa los pies de una estatua, en qué hacía yo allí, en 'no llores, no llores: aquí no'.
Haciendo caso omiso de esos verdaderos creyentes que poseen la verdad absoluta y que mantienen que la oración sólo es válida para los que comparten tu misma fe, recé por unos y por otros, para que todo esto se acabe ya.
¿Quién sabe? Mientras nosotros seguimos en esta tierra echándonos los trastos a la cabeza, quizás ellos, allá arriba, se entiendan mejor de lo que jamás lo hicieron aquí abajo.
Una maqueta a escala
Fadi, Valentina, Antonio y yo nos escapamos a Hebrón en nuestro primer día libre. Antonio tenía muchas ganas de ir y mi otra opción era Nablus o Jerusalén, lugares en los que ya había estado, así que la elección fue fácil.
Después de esperar más de una hora a que nuestro amigo se preparara, cogimos un taxi desde la entrada de la universidad hacia Ramallah.
Nos bajamos no muy lejos de la plaza Al-Manara, tristemente famosa tras la incursión israelí en la ciudad hace unos años, y tomamos otro taxi hasta Hebrón.
Después de hora y media y un par de checkpoints, llegamos a nuestro destino.
La ciudad estaba llena de gente y por todas partes salían niños diciéndonos '¡Shalom, shalom!'. Al principio no caímos en la cuenta hasta que una niñita pelirroja insistió más que el resto de los críos que nos habíamos cruzado hasta entonces: se mantenía haciendo círculos a nuestro alrededor, con una gran sonrisa en la cara y mirándonos expectante. Valentina se dio la vuelta y con cara de extrañada me preguntó: '¿Qué ha dicho?' Yo, que estaba igual de extrañada que ella, contesté 'Creo que Shalom'. Nos dimos la vuelta ambas hacia la niña y contestamos con un Salam.
La cría hablaba árabe con sus amigos, así que judía no era pero, nos dimos cuenta más tarde, cualquier mujer que no llevara pañuelo era, a los ojos de los niños, judía.
Abriéndonos paso por el mercado como buenamente podíamos, íbamos avanzando hacia la mezquita de Ibrahim (Abraham). Aquello estaba tan lleno de gente que no se podía ni caminar y nosotros, tan cuidadosos de no pisar a nadie, siempre terminábamos importunando a alguna buena mujer que intentaba hacer la compra entre tantos codos y pies revueltos.
Los niños corrían con carros arriba y abajo de la calle, transportando la mercancía que los hombres de los puestos les mandaban traer y llevar.
Poco a poco el tumulto se fue diluyendo hasta que pudimos andar más o menos tranquilamente. Fadi se reía al ver nuestras caras y nosotros nos mirábamos unos a otros pensando '¡Qué aventura!'.
Llegó un momento en el que prácticamente no había nadie por la calle. Antonio ya me lo había avisado: la gente desaparece según te acercas a la zona judía.
Para mí, esta era la primera vez que estaba en Hebrón, pero iba confiada porque Antonio ya me había puesto al tanto. Gran error: pensar que algo no te va a afectar simplemente porque ya has oído hablar de ello anteriormente es una falacia.
Me quedé parada en medio de la calle, mirando al soldado israelí que nos apuntaba desde la azotea de la antigua escuela árabe convertida en la nueva escuela judía. Yo no le vi cara de muchos amigos y un nerviosismo extraño me subió desde el estómago. Vale, éramos internacionales, no habíamos hecho nada para llamar su atención, así que no tenía por qué ocurrir nada, pero ¿quién se acostumbra a que lo apunten con un arma?.
Me metí debajo de los soportales, medio escondiéndome detrás de Fadi. Él seguía riéndose: debíamos de parecer la cosa más graciosa del mundo, con nuestras caras descompuestas -a medias por los nervios, a medias por la mala leche que nos iba invadiendo- allí puestos, frente a la escuela, con ese tío apuntándonos descaradamente.
Casi no había gente a nuestro alrededor: el blanco era fácil.
De repente todo lo ilógico de la situación volvió a mí de golpe.
Los colonos israelíes que están allí ilegalmente campan a sus anchas protegidos por los soldados, por supuesto también israelíes, mientras que los que por ley tienen derecho a vivir allí no tienen más remedio que respirar entre M16 apuntándoles día y noche desde las azoteas, puestos de control siempre que quieren desplazarse y basura, que los colonos arrojan desde las casas que han ocupado, pendiendo sobre sus cabezas cuando caminan por las calles.
¿No está el mundo un poco al revés?
jueves, 1 de noviembre de 2007
Le conocimos un mediodía en Nablus, este mismo verano. Era más joven que yo; no recuerdo con exactitud si tenía 22 ó 23.
La gente le saludaba por la calle y él devolvía una sonrisa tranquila a cada uno. Por un instante pensé que le gustaba pasear con nosotros por el laberinto de la Ciudad Vieja porque nos quería demostrar lo importante que era. Después de despedirnos aquella tarde, me di cuenta de lo equivocada que estaba en mi primera impresión.
Fuimos a su casa, nos presentó a su madre: una señora más bien bajita, vestida de blanco, con un pañuelo cubriéndole la cabeza, que nos invitó a pasar hasta el salón y nos ofreció un té y algo de comer. Teníamos prisa: no contábamos más que con unas pocas horas y queríamos escuchar la historia de Abed. 'Mamá, tenemos que irnos. Ellos vendrán otro día y podremos tomar té todos juntos'.
En los ojos de Abed se veía el cariño y el respeto que sentía por su madre. Mentiría si dijera que los ojos de su madre no mostraban los mismos sentimientos... sólo que a los de ella se asomaba también la preocupación. Sonrió y contestó con un 'Inshaallah' a la idea de volver a encontrarnos. 'Esta es vuestra casa, sois bienvenidos cuando queráis'.
El tiempo que pasamos con Abed estuvimos hablando de política y de la vida que le espera a cualquier chico de nuestra edad -año arriba, año abajo- en una ciudad como Nablus.
Tenemos que luchar por nuestros derechos, si no lo hacemos nosotros ¿quién lo hará? Nací durante la primera intifada; la segunda me pilló en la escuela. Soy joven, somos jóvenes: ahora es nuestro turno; ¿quién va a defender a la gente mayor, a los niños? Otros ya han luchado por nosotros: ahora somos nosotros los que tenemos que hacer algo.
Me quedé mirándole: me dio tanta pena. Era como mirar su cara y ver el futuro, ¿cuánto más aguantaría vivo?.
Estoy lejos de alabanzas a los mártires, de paraísos reales o imaginarios y de cubrir la realidad con un velo de heroísmo para no ver, porque duele demasiado, la herida que deja una muerte; estoy lejos de rellenar con palabras de consuelo sobre el más allá el hueco que el ya muerto ha dejado en este mundo, en nuestras vidas. No quiero discursos, ni despliegue de banderas, ni carteles con su foto en los muros de la ciudad.
Y sin embargo, lo entiendo, lo entiendo todo. Y si yo estuviera allí, también hablaría de mártires y de héroes, y pegaría su foto en los muros de la ciudad para que nadie olvidase, y desplegaría con rabia y orgullo la bandera por la que él murió; la plantaría delante de la cara de los israelíes para que estén bien seguros de que nunca, jamás, vamos a dejar de resistir.
Pero yo estoy aquí. Y veo las cosas de forma diferente. Y por eso no hablo de hazañas, ni despliego trozos de tela, ni pego fotos en ningún lado. Y me quedo en casa, pensando no en el héroe, sino en la persona; en la vida que le tocó vivir, porque no todo se elige; en el llanto de su madre durante el entierro; en todo y en todos los que dejó atrás.
Cuando volví a Nablus, después de unos días, lo busqué por las calles. Las posibilidades de encontrarle en la Ciudad Vieja no eran demasiado altas: es un lugar que siempre, excepto de noche, está abarrotado; pero aún así me fijaba en la cara de la gente mientras me hacía paso entre los puestos de especias, café y hortalizas.
Como era de esperar, no hubo suerte, así que dejé nuestra cita para el verano siguiente, como habíamos acordado al despedirnos unos días antes, 'si no me matan antes'.
Volveré a pasear por la Ciudad Vieja, pero esta vez, en vez de estar a mi lado, Abed me estará mirando desde la pared.
Cuando los mártires se van a dormir, me despierto para protegerlos de los
aficionados a las elegías.
Les deseo: "Buena patria de nubes y árboles, de espejismos y agua".
Les felicito por haberse salvado en el accidente de lo imposible y en la
plusvalía de la matanza.
Robo tiempo para que ellos me roben del tiempo. ¿Somos todos mártires?
Susurro: "Amigos, dejad una pared para las cuerdas de la ropa, dejad una
noche para las canciones".
Colgaré vuestros nombres donde queráis, pero dormid un poco, dormid en
la escalera de la viña ácida
que yo protegeré vuestros sueños de los puñales de vuestros guardianes y
de la revolución del Libro contra los profetas.
Sed el himno del que no tiene himno cuando vayáis a dormir esta noche.
Os digo: "Buena patria montada sobre un caballo al galope"
y susurro: "Amigos, no seréis, como nosotros, cuerda de una oscura horca".
Cuando los mártires se van a dormir, Mahmud Darwish
martes, 30 de octubre de 2007
Olmert, Francia y los estudiantes
domingo, 28 de octubre de 2007
Jenin Refugee Camp
The Brutality of Life
It has been increasingly apparent to me, and incredibly annoying, to find that many of us have not educated ourselves about human conditions, injustices, abuse, and political coercion (just to name a few) that are going on around the world. Something is defiantly wrong with us if we allow ourselves to go on with our lives while people are being slaughtered, poverty stricken and abused in other countries around the world and chose not to gain some knowledge about it. If we do not have the means or ability to help those people directly, it is enough for us to merely gain the knowledge and perspective about their situations.
My hope therefore, is for this article to be a starting point and eye opener for many on their journey of knowledge about the world.
I am a refugee; A refugee of a country that I was not able to enter for almost two decades. It was not the choice of my grandparents to leave their nation of Palestine, but what is a person to do when they are being shot at and forced to leave their homes for another country in the pursuit of “safety.”
My experience in Palestine was more than just an eye opener; it gave me the opportunity to look at the world on a whole new level. As I talk to locals, I come across a relatively young man and we begin to talk. Imagine you are 20 years old and you are in your home- on what you would consider to be an average day. The next thing you know, Israeli soldiers march in and take you away from your home, your family and your village. You spend the next five years of you life in a prison for reasons that are unknown to you. Although, as I later found, he had just been let free almost six months prior to that date, he continued on with his personal story with much bravery.
We continue walking through his village- which is in essence, a refugee camp- until we reached a graveyard, and stepped in hesitantly. At the entrance of the graveyard lies an upright plate of names of those individuals who were systematically killed or shot to death by the Israeli army. I asked why these individuals would have a special plate with their names on it - keeping in mind that the entire graveyard was created for all those that were killed. His answer; the Israeli army refuses to give the bodies of these particular civilians back to their families.
We walked into the graveyard and find that some of the name plates have two individuals’ names on them. Why? These individuals were killed just as the others, however, not only do their bodies lay on top of each other, but so do their limbs and organs, a testament to the method by which they left the world. A joint burial would be the only logical solution in this dreadful situation.
He told me to follow, and began to point at several graves, mentioning names of family, distant relatives, neighbors, lovers, and friends. I stand there in utter shock, not knowing what to say, how to feel and what to think. This refugee camp is named Jenin.
In the spring of 2002, the massacre that took place in the Jenin refugee camp mainly went unnoticed. Hundreds of civilians were shot at and innocently killed by Israeli soldiers. This massacre happened five years ago, however no international response was triggered. I myself had no idea of the severity of the situation until I saw it with my own eyes. There must be something wrong with the media for them to have allowed such a massacre to take place without any massive international response or extensive news coverage. In the heat of the moment everyone responds, but what happens afterwards, what happens to all those people, with no homes, no families. What about the orphans?
Stories like these are not uncommon. On the contrary, the average teenager in Palestine has likely come into direct contact, and would have been under direct threat from the Israeli army at least once in their lifetime already. This situation is not unique to Palestine. Civilians living in war-torn nations around the world are faced with similar situations such as this one all the time. It is up to us to learn about these appalling situations and inform others so we can make a difference in the world and stop these injustices from taking place.
As students, as educated individuals, as productive members of our own societies, and in essence, as humans, we must change the way we see the world. It should be our duty to be aware and knowledgeable of the world around us. It should be our duty to help people around the world in ways we know how. The most basic way to help, is obtaining the mere knowledge of situations happening around the world. Sir Francis Bacon said; “Knowledge IS power”, and rightly so.
By: Demah El-Sadek
viernes, 26 de octubre de 2007
domingo, 21 de octubre de 2007
Imágenes desde el exilio
sábado, 20 de octubre de 2007
Sevilla-Ramallah
De fondo, el CD con la canción de Hamza Sbaya no dejaba de sonar y aquella complicidad entre los presentes me hizo sentir que estaba recuperando algo que había perdido.
Sobre la mesa teníamos pizza, que nos encanta, y embutido, que también, pero nosotros echábamos de menos el hummus y el falafel, el queso salado y el pan mojado en aceite y cubierto de za'atar. Incluso creo que gustosos hubiésemos cambiado la botella de cerveza por la bomba de agua caliente que teníamos en el campamento para hacer té.
Hablamos sobre política, sobre el desastre humanitario que sigue agrandándose, sobre los sentimientos encontrados, no siempre claros, que nos provocan los israelíes... pero también sobre las noches que pasamos bailando en Birzeit, sobre los escorpiones que, de cuando en cuando, asomaban por entre las tiendas de campaña y de lo mucho que echábamos de menos a la gente.
Mientras estuve allí, la nostalgia fue menor: al fin y al cabo estaba con un pedacito de lo que, en verano, dejé atrás. Pero el camino de vuelta a Madrid me sorprendió sintiendo una tristeza mucho más palpable. Quizá por eso retomé a Amos Oz porque, saltando entre las consignas sionistas de sus abuelos en el libro Una historia de amor y oscuridad, podía pasar mi mano de nuevo por las piedras de las casas de Jerusalén, perderme en sus recovecos y mezclarme con la gente; deleitarme con el olor a pan y dulces que sale de las pequeñas tiendas para invadir las calles.
Sí... mientras todo el mundo en aquel autobús viajaba de vuelta a la capital, con sus humos y sus prisas, sus atascos y sus obras, yo volvía, por un instante, a pasear por Palestina.
jueves, 18 de octubre de 2007
Voces desde Ramallah
The first thing I want to explain is that the camp was great because of the quality of the people who participated in it. The people I met there are the greatest people I had met in my life. I can describe the meeting by “the present of god for me in this year” and so I will never forget them.
The camp was so fantastic in all sides. The location was at Birzeit University; a beautiful place full of trees and nature views, far from the residential areas but at the same time near from the center of birzeit village and so we spent golden nights.
Although the people were from different countries around the world, everybody coming from a different culture and carrying different views and behaviors, we still formed one family in a relatively short time and did not come across what was called “culture conflict”.
My goal in the camp was to reflect a good Idea about my culture and people in our great homeland (Palestine) and to talk about our fair cause. The second goal was to make relationships with new people. I think I succeeded in satisfying my goals. I think that all of the Palestinian people had the same goals which made us work as one group in order to make the camp succeed. I want to thank them for doing this.
Our moments in the camp were full of happiness, laughs and excitement. Such moments we spent on the bus where we had our water fights, and at night when we danced Dabkeh (Palestinian folk dance). The rest of the night we usually spent it discussing different political, religious and cultural subjects.
Finally I want to say that it is wonderful to be responsible for transmitting our ideas. Our goal was to explain our fair case and to make people see what is happening here in our occupied land. Also to say that we, Palestinians, are still here and we will never stop resisting. Even with our smiles we will keep on resisting or else we would die from sadness and grief.
In the end I want to say welcome to any body who wants to visit Palestine in any given time. We are always ready to help. I also want to thank Ghada Al Omare, the director of this camp, who is responsible for the success of this great camp.
Saed alkhayyat
Ramallah /Palestine
Saed_kh@yahoo.com
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miércoles, 17 de octubre de 2007
Nidal´s house
While we were visiting the families who were living in tens of the homes that were damaged, I was shocked when I saw our volunteer Nidal Suboh, tries to show me the destruction of his family flat as well as his cousins and uncles flats, he told me; do you remember what have we done here during the international summer camp in 2006? We organized my birthday party, they increase the number of people who hate them by such collective punishments, the Israelis were looking for somebody whom they found and detained at the end of the day, but while they were looking for him during this attack; they damaged tens homes and left tens families homeless, Nidal`s family was one of them.
Nidal explained to me what he witnessed; the Israeli soldiers attacked their flats early morning of Tuesday, they ordered them to evacuate in five minutes, their neighbor, an old man, almost 70 years old, was shot while he was opening his flat's door by five bullets, then they shot at the other flats, all flats there were partly damaged, nothing remained in its place, all windows were broken as well as doors, I can say that each meter has a story to tell about their brutality, the cousin of Nidal told me that he felt paralyzed when he could not find safe place to hid his daughter and wife in, the bullets were coming from everywhere.
Nidal showed me a small missile that hit his room, I saw my books, the books I gave to him long time ago to read, I found them between rubbles as well as the black and while photos of his family, not forgetting the papers, cards and photos of Zajel program. Nothing remained in his flat as it was before.
Email recibido de Alaa, coordinador del programa Zajel. Nablus, Palestina.
¿Cuándo parará?
Hoy, un email del coordinador del campo de trabajo en Nablus me ha devuelto a la realidad.
El ejército israelí entró, como tantas otras veces, a la ciudad. Buscaban a una persona, a una sola persona, pero las casas estorbaban, por lo que se ve.
En una de ellas, hace poco más de un año celebramos el cumpleaños de Nidal: cumplía 19. Cantamos el cumpleaños feliz en más de diez lenguas diferentes, ¡cada uno proveníamos de una esquina del mundo!.
A finales de agosto del año pasado fue el turno de la casa de Fawaz.
Este año, le ha tocado a la casa de Nidal.
¿Quién va a ser el siguiente?
miércoles, 10 de octubre de 2007
InshaAllah
Aún así, la música en los auriculares me daba cierta paz en mi camino hacia el metro. "Ahora hasta Getafe, luego el tren hacia...". De pronto la música se para y A vava Inouva -mi tono de llamada entrante- empieza a sonar en el móvil.
Miro la pantalla: un 970. ¿Un 970? ¿De qué trabajo me llaman? Estos días he ido a tantas entrevistas que ya no sé ni lo que veo.
Le doy al botoncito verde, descuelgo. Idir deja de cantar para dejar paso a una voz que me dice Marhaba desde el otro lado del teléfono. ¿Marhaba? ¡Palestina! Mis ojos se abren como platos; ¡Marhaba!, respondo. La voz vuelve a hablar 'kifeek, ya Carmen?'. ¡Sa'ed!. Empiezo a reír. ¡Es Sa'ed!.
Empezamos a hablar. Que qué tal el trabajo nuevo -Laila me ha dicho que ahora tienes otro-, que Ramallah está preciosa con toda la gente preparándose para el 'Eid -me gustaría que el año que viene estuvieras aquí para Ramadán, Inshaallah-, que su hermano le ha borrado, no sabe cómo, todas las fotos que tenía en el ordenador -¡Gracias a Dios la mayoría las tengo en facebook!-.
Hace una pausa.
Me dice que aún no sabe nada del visado. "Me lo tenían que decir hoy, pero todavía no sé nada. Me han dicho que mis papeles están en España. Si no obtengo respuesta en dos o tres días, significará que no me lo dan". Dejo de sonreír y vuelvo a pensar que ser palestino es una mierda: siempre teniendo a alguien que decide por ti a dónde ir, cuándo, cómo.
Me ha pedido que salude de su parte a Antoio y a Mehmet cuando me encuentre este fin de semana con ellos en Sevilla si finalmente él no puede venir.
Ha habido un silencio.
"¿Sabes que mi sobrina Yasmeen está preciosa? Le hicimos una foto ayer y es la foto más bonita del mundo. Mañana te la mando al correo". Sonrío y le digo que me encantaría verla. Su sobrina Yasmeen es una preciosidad, de apenas un año, que no deja de sonreir.
El tiempo pasa. Oigo un "Me ha encantado oír tu voz otra vez. Mañana te envío lo que te prometí junto con la foto. See you soon, Inshaallah".
Inshaallah.
Sa'ed cuelga y el mp3 del móvil retoma la canción allá por donde quedó interrumpida por la llamada. 'Inta wa ana' vuelve a sonar y esta vez lo hace como si quisiera consolarme.
martes, 9 de octubre de 2007
Percepciones
Pasar por un puesto de control es como poner tu vida en manos de otros: Teresa Aranguren no lo podría haber descrito mejor en este párrafo robado-prestado que os copio.
Ellos son los que deciden quién pasa y quién no; los que se ríen de ti mientras te apuntan si les entra la neura y los que te preguntan si eres del Barça o del Madrid cuando pretenden ser amables. Los que les dicen a tus compañeros que cierren el pico si quieren volver a casa, mientras los tienen contra una pared, y los que te preguntan si eres un terrorista cuando, de repente, se sienten graciosos y pretenden, además, que tú te rías con ellos por su ocurrencia.
He intentado ver el lado humano, lo juro, lo he intentado. Pero resulta bastante difícil hacerlo cuando tu cuerpo está encerrado en un pasillo de apenas un metro de ancho, cercado por vallas a ambos lados, con dos torniquetes -uno delante, otro detrás-, un detector de metales y una garita desde la que el soldado te grita órdenes en inglés, si tienes suerte de que no sólo pueda, o quiera, hablar hebreo; estando rodeado además, cómo no, de una muchedumbre que, como tú, atascada espera pasar al otro lado.
"La espera es el pulso imperceptible de la ocupación. Una forma de vida o de aplazar la vida", vuelve a decir Aranguren. Qué razón tiene...
Primer checkpoint en el camino a la mezquita de Ibrahim, en Hebrón (Al Khalil)
Sobre dioses y religiones
Mirando la programación, me encontré con la exposición Dios(es): modo de empleo.
No creo, sinceramente, que la base del conflicto entre Israelíes y Palestinos sea la religión, pero aún así también es cierto que no viene mal enterarse de qué piensan unos y otros en este terreno.
A quien le interese echar un vistazo un poco más allá de a lo que estamos acostumbrados, un paseo por la sala de exposiciones del Centro Cultural de la Villa de Madrid le puede resultar bastante esclarecedor.
Los horarios de la obra de teatro han sido modificados, pero aún no están cambiados en la web.
Los que valen son los siguientes:
De martes a viernes: 11h, 12h, 13h, 18h, 19h y 20h.
Sábado: 12h, 14h, 18h, 19h y 20h.
Domingos y festivos: 12h, 13h, 14h, 17h y 18h.
¡¡Disfrutadlo!!
jueves, 4 de octubre de 2007
Volando cometas, persiguiendo ilusiones
Todavía estando allí, leí una noticia en ma'an news en la que se decía que el ejército israelí había prohibido volar cometas cerca del muro. Inmediatamente pensé en los posibles peligros que una cometa pudiera representar y no se me ocurrió nada más que a lo mejor, si era muy grande, podía tapar el área de visión desde la torre de control. Razones más, razones menos, todo es cuestión de seguridad, así que 'sssssshhhh', sin rechistar.
En uno de los campos de refugiados que visitamos en Cisjordania, los niños jugaban con una cometa... eran felices. Corrían unos detrás de otros mientras intentaban hacerla volar. A mí, por supuesto, me encantó la idea y, en una clara regresión a la infancia, me puse a correr con ellos mientras reía. ¡Lo feliz que yo era cuando mi padre me enseñaba a volar la mía de pequeña! Quería hacerla subir, volar muy lejos; hacer que se elevase tanto en el cielo que me llevase con ella para poder ver el mar desde arriba. Claro está, eso nunca sucedió, pero yo era feliz como no os podéis imaginar construyendo, sonrisa a sonrisa, imagen a imagen, mi ilusión artificial.
Miré de nuevo a los niños y en todos vi una sonrisa. ¿Qué se imaginarán ellos?
Hace unos meses un ex-prisionero me comentó que su máximo sueño era ver el mar de nuevo. Yo me esperaba un 'quiero visitar Al Aqsa' o 'quiero rezar en el Domo de la Roca', pero no: su ilusión más profunda era regresar a su Haifa natal, donde le convirtieron en refugiado, y ver, oler el mar.
La ciudad queda lejos, las olas no llegan... Ojalá todos tuviéramos cometas que nos elevaran por encima de los muros.
Cabreo
lunes, 24 de septiembre de 2007
Mi primera lección
Relaciones extrañas
Puede que lo hayáis visto ya, pero no me puedo resistir a dejaros en enlace.
Opiniones, por supuesto, hay para todos los gustos: desde quienes lo acogen con auténtico humor a quienes se quejan de que hace burla del sufrimiento de la gente.
Juzgad vosotros mismos.
El viaje
El viaje fue tranquilo y esta vez la escala no llevó más de una hora, gracias a Dios. En Abril no tuve más remedio que esperar tres horas y media en el aeropuerto de Milán, con anuncios de turismo sobre Rumanía como único consuelo a mi total aburrrimiento.
Cuando llegamos a Zurich todo estaba lleno de rizos largos colgando de cabezas cubiertas por sombreros negros. Sólo vi un par de mujeres árabes, con pañuelo, a las que estaban registrando tras unas cortinas.
Me sentí rara, tan rara como las otras veces que he ido. No es miedo: es una sensación extraña, incómoda; es como sentirse una minoría, un puntito en medio de algo a lo que no perteneces. No sé si era la única no judía en aquel avión pero, de no ser así, faltaba bien poco.
Llegamos a Tel Aviv; no recuerdo si esta vez aplaudieron al tomar tierra: yo estaba muy ocupada comprobando si llevaba el pasaporte y pensando si me llevaba o no la manta del avión, porque fuera tenía pinta de hacer fresco y a mí me tocaba aún esperar unas cuantas horas en el aeropuerto antes de tomar el taxi a Jerusalén.
Bajamos del avión y volví a recorrer la rampa que lleva a los puestos de control de pasaporte.
El anuncio de la compañía de móviles seguía estando allí, imperecedero, al otro lado de la cristalera.
La espera fue un tanto tensa: nunca sabes si te van a dejar pasar. Era la tercera vez que iba, ¿cómo se lo iba a explicar cuando me preguntaran por qué iba con tanta frecuencia? Ya lo habían hecho antes. Genial. Otra mentira más que contar.
Para mi sorpresa, la chica no se preocupó demasiado de mirar los sellos de entrada y salida anteriores.
¿Cuál es el propósito de tu visita a Israel?, ¿En qué trabajas?, ¿Conoces a alguien en Israel?
Fue fácil. Llegar a las cuatro de la mañana tiene sus ventajas: creo que la chica que me atendió estaba más dormida que yo.
Al recoger el pasaporte vi que me había metido un papelito dentro. Por supuesto, ni idea de lo que decía. La primera , y hasta entonces, única vez que lo habían hecho fue en el verano del 2006, cuando iba a Nablus, y me retuvieron en el último control, bombardeándome a preguntas entre dos durante diez minutos.
Respiré y seguí adelante queriendo aparentar la mayor normalidad del mundo.
Miraron el pasaporte, cogieron el papel y... nada.
¿Paranoias mías? No lo sé. El caso es que esta vez tuve la suerte de escaparme de las odiosas preguntas a dos bandas.
Otros compañeros míos, lo supe después, pasaron gran parte del día siendo interrogados en el aeropuerto. Ellos dijeron que iban a Ramallah y se quedaron tan tranquilos. Por supuesto, a los de seguridad del aeropuerto no les pareció tan normal. También hubo quien empezó mintiendo y terminó confesando y hasta dando mi número de teléfono como excusa. Pero, ¿qué puedo decir? Después de 12 horas de interrogatorio ¿no es normal terminar diciendo la verdad?.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
viernes, 10 de agosto de 2007
Mis 'ultimos d'ias...
Compartir este tiempo con gente a la que no conoc'ia de nada previamente me ha aportado m'as de lo que podr'ia expresar con palabras. Supongo que con el tiempo, una vez de vuelta en Espania, podr'e analizar todo con m'as detenimiento y escribir sobre ello.
Hay cantidad de an'ecdotas y sentimientos esperando a ser contados.
Lo que me llevo de vuelta a casa es mucho m'as que datos o estad'isticas sobre Palestina; me llevo, sobre todo lo dem'as, el calor de la gente y otra forma de ver la vida.
Mi estancia aqu'i est'a llegando a su fin. El domingo dejar'e Nablus para volver a Ramallah y el lunes por la tarde saldr'a mi vuelo desde el aeropuerto de Ben Gurion.
No quiero ni pensar en ello.
Alguien dijo una vez que la patria est'a donde el coraz'on reside...



