domingo, 10 de junio de 2007
Derecho número 3
viernes, 11 de mayo de 2007
Carta
[Zahra]
Por que? Por que me contaron como NR?
Mis sueños eran grandes pero ser privada de mis derechos basicos como la educacion, a vivir en un medio limpio y sano, a tener abrigo. Todo esto lo perdi porque soy NR.
Yo soy la que ve destruir sus sueños uno detras del otro.
Y que significa NR? Solo dos letras en los labios humanos. Significan No Registrada en la Agencia de la ONU que atiende a los Refugiados Palestinos, UNRWA.
Y que culpa tengo? Y por que tengo que ser obligada a vivir solo el dia a dia? Y que culpa tengo, y estoy condenada a ser inculta en una sociedad a la que le llama avanzada?
Pero como se le puede llamar asi a una sociedad donde en sus escuelas hay niños que no saben ni leer ni escribir, escuelas donde la presencia o ausencia de sus niños significa lo mismo? Donde esta la justicia? Donde estan los derechos de los niños? Donde esta la ONU? Donde esta el responsable de hacer respetar los derechos humanos? Donde estan todos? Para que sepan lo que es sentirse marginado y privado de sus derechos, para que sepan lo que pienso, para que me digan: –Si, mereces la educacion mas que nadie-
Habra alguien que me escuche? Si? Pues deseo que me escuchen, que me ayuden y deseo que respondan a mis preguntan con esperanzas no con desepcion. Y ustedes son mi esperanza.
..." No existe quien coopero, y fue derrotado o fracazo"...
Zahra Mahmoud Shaaban Niña palestina de 13 años Refugiada en el campamento Ain El-Hilweh
jueves, 10 de mayo de 2007
Cambiar o no cambiar
Una de niños
Fuente: Maan News
miércoles, 9 de mayo de 2007
viernes, 4 de mayo de 2007
El singular significado de Paz, Pacificación y Pacificar
martes, 17 de abril de 2007
viernes, 2 de marzo de 2007
¡Tiestos!
Los baños turcos... o lo que queda de ellos
La noticia completa aquí
OATS
miércoles, 28 de febrero de 2007
Once again
Wednesday, February 28, 2007
The Israeli Occupation Forces reinvaded Nablus city for the second time in less than 48 hours. Tens of armored personnel carriers and bulldozers spread all over the city and special forces have occupied several buildings in different neighborhoods in and around the old city. The Israeli army arrested members of families of wanted Palestinian fighters in an attempt to pressure them to surrender.
Soldiers are conducting house to house searches in the old city terrorizing the civilian population and destroying property. Sounds of explosions are heard inside the old city and in neighborhoods surrounding it. The Israeli army is interrupting the local radio and TV broadcasts and using the same frequencies to announce communiqués to the residents of Nablus that include the names of the wanted Palestinian fighters and instructing people not to give assistance to them.
An-Najah National University and all schools have been closed and students were instructed to remain in their homes fearing for their lives. The Israeli Army has also surrounded the local Palestinian hospitals searching everyone who comes in and out and interfering in the movement of ambulances.
Palestinian children are throwing stones on the Israeli armored vehicles as they pass in the streets and Israeli soldiers are firing on them with rubber-coated metal bullets and with live ammunition and tear gas. Palestinian politicians are saying that Israel is trying to destroy any prospects for a peaceful resolution to the conflict by sabotaging the formation of Palestinian National Unity Government.
The security situation in Nablus is deteriorating very fast and residents are fearing that this operation will result in a large number of civilian casualties. Palestinian civil society organizations in Nablus have issued a call to the International Community to intervene to stop the Israeli campaign of terror and onslaught against the city of Nablus. viernes, 22 de diciembre de 2006
Navidad, Navidad, dulce Navidad
miércoles, 13 de diciembre de 2006
Jamil
Hacía un calor terrible y seguíamos pintando el mural en la pared. Él daba vueltas, preguntaba si podía ayudar y, de vez en cuando, se llevaba mis gafas de sol. Puede parecer una tontería, pero es realmente complicado pintar sobre una pared completamente blanca a la una del mediodía bajo un sol de justicia: terminas medio ciego.
Terminé por dejar el pincel y la palabra Salam a medio colorear y me senté un rato a la sombra. Al poco volvió él, con mis gafas puestas, y se sentó a mi lado. “¿Estoy guapo? ¿Cómo me quedan? Sura, sura”.
Le hice la foto o, mejor dicho, nos hicieron la foto; con y sin gafas de sol, sentados, de pie, riendo… le encantaba posar.
Terminó el campo de trabajo y desde el día en que nos despedimos, no volví a saber nada de él… hasta hace unos días.
Hay una carretera que baja desde el asentamiento israelí convertido en base militar hasta el campo de refugiados de Askar. Los soldados se pasean a menudo por allí con sus jeeps, demostrando quién manda. Dan vueltas, hacen gala de su prepotencia y esperan a que aparezcan los críos.
Jamil esta vez estaba allí con unos amigos. Comenzaron a tirar piedras contra los vehículos que se paseaban a sus anchas, haciendo caso omiso de las resoluciones de la ONU, por el único pedazo de tierra que los refugiados palestinos pueden considerar como su casa después de haber sido expulsados en 1948 de su verdadero hogar.
Los soldados israelíes, bien protegidos con sus equipos y siempre dentro de sus jeeps, dispararon para defenderse… Y, como suele suceder, una de las balas de defensa fue directa a la cabeza de alguien: esta vez de mi joven amigo.
El cuerpo, demasiado pesado para que sus compañeros, más menudos que él, pudieran llevarlo en volandas, fue medio arrastrado hasta el campo de Askar.
De poco sirvió.
Lo único que me sale decir es ‘Soura, soura!’ (foto, foto!)

¿Dónde están las cámaras del mundo cuando se asesina a un niño palestino?
domingo, 19 de noviembre de 2006
At-Tur: cuando tu tiempo lo controlan otros

Era curioso ver la cara de Abo, al que pedimos que nos tradujera del árabe al inglés las palabras del predicador, mientras nos miraba un poco desesperado, comprobando, luego, impaciente la hora en el reloj, sin saber cómo cortar educadamente la charla que el buen samaritano, nunca mejor dicho, nos estaba dando sobre su religión.
Eran las 18.40 y a las 18.45 cerraban el checkpoint.
Aquella tarde todo había empezado con prisas: habíamos quedado a las seis en la puerta de la escuela para ir al monte At-tur, el monte sagrado de los samaritanos. Sobre las cinco, cuando regresábamos de nuestra vuelta por la ciudad vieja, vimos a Jehad haciendo aspavientos con las manos ‘yalla, yalla, shabab!, hurry up!’. ¿A qué venía tanta prisa? ¡Todavía quedaba una hora! Medio corriendo para no impacientar a Jehad, que seguía cual guardia de tráfico en mitad de la calle, entramos en la escuela. “Van a cerrar el checkpoint a las 18.45. Tenemos que salir ya”. Eran las 17.30 cuando estábamos subiendo al autobús que nos esperaba fuera.
Así fue como nuestra visita, programada, en principio, para toda la tarde, se redujo drásticamente a una hora escasa… ¡trayecto incluido!.
A mitad de camino, entre cuestas y más cuestas, el autobús, que no lograba superar los 20km/h, terminó por pararse en medio de una gran humareda. Botellas de agua, trapos húmedos… y nosotros parados en la carretera. “Ahora sí que no pasamos”, pensé yo.
Por fin consiguieron que el autobús se pusiera en marcha de nuevo. Al poco paró y nuestros compañeros locales se bajaron: el checkpoint en cuestión no permitía el paso a los palestinos, por lo que tuvieron que bajarse antes de llegar a él y esperarnos en el campo.
Encontramos la casa-museo y al hombre que nos iba a hacer la exposición. Todos sentados bajo un gran candelabro hecho con hortalizas colgando del techo y escuchando las explicaciones sobre la creencia samaritana, debíamos de ofrecer una imagen bastante curiosa.
Abo volvió a mirar el reloj. “Excuse me… excuse me… we must leave now, sorry. The soldiers will close the barrier in one minute… no, in fact they must be closing it right now!”.
Todos teníamos cara de circunstancias: a nadie le apetecía quedarse allí atrapado hasta que a la mañana siguiente (¡ojalá!) volvieran a abrir el puesto de control. Además, nuestros compañeros estaban esperándonos al otro lado. Pero, por aquellas cosas de la vida que uno de vez en cuando hace, no corrimos. Queríamos, claro, que el puesto aún estuviese abierto, pero seguimos andando normalmente, parándonos para tomar fotos, charlando; lo contrario hubiese sido como ponerse de rodillas, doblegarse a la imposición militar. Ni hablar. Quizá en otras cosas no teníamos elección, pero en aquel momento y aquella situación concreta, sí.
Fuimos llegando en pequeños grupos al puesto. Los soldados nos iban saludando con el gesto relajado; nada de pasaportes, nada de chequeos. Les mirábamos y mientras decíamos ‘bye’, pensaba en lo distintas que serían las cosas si les dijéramos que teníamos amigos palestinos.
Nos subimos en el autobús y, mientras nos alejábamos, cerraron la barrera. Ya nadie podría entrar o salir de Nablus por aquella parte de la ciudad.
Al otro lado nos esperaban nuestros colegas, un poco más allá de donde les habíamos tenido que dejar. Nos sentamos en un pequeño muro de piedra. Desde la falda de aquel monte, la vista era espléndida. Contemplando la puesta de sol, maravillados, volvimos a sentirnos libres bajo la ocupación.
Gracias a Dios, hay cosas que todavía no pueden controlar.
martes, 14 de noviembre de 2006
La fábrica de jabón

Hace unos días andaba yo revoloteando por los últimos capítulos del libro Sharon and my mother-in-law cuando me encontré de repente de vuelta en el año 2002, viendo cómo el ejército israelí invadía la ciudad y, entre otras proezas, reducía a escombros la fábrica de jabón.
Justo en ese momento recordé mi último día en Nablus: íbamos corriendo Fawaz (que, por cierto, sigue sin casa), Elsa, Loes y yo por medio de la zona vieja de la ciudad, ultimando las compras para la familia y los amigos. Antes de despedirnos fuimos a ver aquella fábrica. El suelo resbaladizo, las torres altas hechas con las pastillas, el hombre que, arrodillado en el suelo, envolvía a la velocidad de la luz los jabones en papel y los dejaba listos para vender... y también el encargado, que nos mostraba con una sonrisa en la cara un modelo de jabón que hacían con dibujitos, especial para los niños. ‘Tomad: llevaos una, de recuerdo’.
Continué leyendo el capítulo y tuve la terrible sensación de que lo que en realidad estaban haciendo los israelíes era robar nuestros recuerdos. Es como si no quisieran dejar en pie nada a lo que nosotros pudiéramos aferrarnos. Luego me dije ‘Carmen, esos recuerdos están dentro de cada uno de nosotros y los compartimos aun en la distancia, así que deja de decir estupideces: nunca podrán arrebatárnoslos’.
Pero me sentía tan inquieta que decidí contárselo a alguien, y quién mejor que un palestino para hablar sobre tan loco pensamiento. ¿Sabéis lo que me respondió? ‘Ha sido curioso leer tu email: eso es precisamente lo que han hecho y aún siguen haciendo’. Así que ya veis...
Algo que aprendí este verano fue que cuando estás en Palestina, si tienes la oportunidad, debes hacer fotos a todo lo que ves, por si la próxima vez que vuelvas las cosas ya no están donde solían.
sábado, 11 de noviembre de 2006
Repeticiones
Siempre me ha parecido una promesa, una esperanza para luchar contra la pérdida de aquello que anhelamos, de aquellos a los que queremos y que, por una u otra razón, cruzaron por nuestras vidas y ahora están lejos.
Cuando volví de Palestina solía mirar el corcho y decirme que algún día volvería, porque así le gustaban al destino las cosas.
Ahora, después de esta semana de noticias en la tele, el cartel no se me presenta tan esperanzador.
¿Es cierto que al destino le gustan las repeticiones? Quizá por eso en Beit Hanun siguen acumulándose los muertos, los asesinados.
Se podría decir, incluso, que al destino le encanta volver una y otra vez sobre lo mismo: sólo así se explica que, después de anunciar su retirada, el ejército israelí volviera a atacar a la población.

¿Quién le dará consuelo a este padre que perdió a su mujer y a sus hijos?
viernes, 20 de octubre de 2006
La contraoferta
* No dejen de pasar por el campo de refugiados de Balata, Ayn o Askar: estaremos encantados de mostrarles los agujeros en las paredes, las casas demolidas o los negocios destrozados.
* Los cementerios tienen unas estupendas vistas: cada tumba posee un extraordinario homenaje al mártir; pura belleza ornamentística.
* Podrán degustar el estupendo arroz con arroz (sentimos que la carne sea demasiado cara como para incluirla en el menú).
* Visita a las ruinas de diversos edificios públicos. Parque temático y turismo, ¡todo en uno!
Y no se preocupen: si en algún momento comienzan a sentir indicios de que algo no es como siempre se lo contaron, comuníquenselo al guía y en seguida serán atendidos por un equipo experto en el tratamiento de este tipo de alteraciones momentáneas. Mientras espera, por favor, recuerde repetir una y otra vez estas simples frases:'el muro es de defensa', 'todos los árabes son terroristas y nos quieren fuera', 'somos la única democracia de la zona'.
Por último, con el deseo de que guarden un grato recuerdo de este viaje humanitario, tenemos el placer de comunicarles que podrán tomar fotografías de ¡¡niños palestinos!! (*) y colgarlas en la pared, de vuelta en sus modestas casas israelíes, para poder decir cada vez que las contemplen: 'Si tan sólo quisieran reconocer que lo hacemos por su bien... ¿Cuándo se darán cuenta de su error?'
(*) Entiéndase por 'niño palestino' cualquiera de los siguientes términos: huérfano, hambriento, privado del derecho a la educación debido a los continuos cierres de escuelas, torturado, encarcelado, falto de asistencia médica por ser denegado el paso a la ambulancia que lo transporta a través del check-point, carente de infancia, humillado, asesinado...
THE ULTIMATE MISSION TO ISRAEL o Cómo convertir la ocupación en una atracción turística
- Informes directos de agentes del Mossad
- Encuentros con miembros de las fuerzas israelíes que llevan a cabo las matanzas de objetivos palestinos
- Juicios en directo a miembros de Hamas
- Tour por los check-points de Gaza
- Relatos de los héroes de guerra israelíes que salvaron la Patria.
No encontrará otra oportunidad como esta para conocer de cerca la lucha diaria por la supervivencia, la libertad y la democracia.
